Los corazones suelen prenderse en fuego,
Fuego que crece tirando chispas curiosas
Reímos al ver la luz.
Entonces muta, incontrolable
Imprecisa llamarada alocada
Carameliza costillas y brinca
Quemando pulmones
Llenando de humo la garganta.
Tosemos cenizas
Y los ojos derraman sus lágrimas negras.
¿Quién será el que puede apagar un incendio?
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